martes, 7 de octubre de 2014

Interpretación del texto “La crónica X. Versiones coloniales de la historia de la mexica tenochca de Robert H. Barlow” artículo de Jose Rubén Romero Galván.

Existen diversas crónicas coloniales referentes al pasado prehispánico que tienen ciertas similitudes y vinculaciones entre ellas, como lo es su origen común. Existe pues, la Crónica X bautizada por Robert H. Barlow la cual salió del Manuscrito Tovar, (1860) del libro VII de la Historia natural y moral de las Indias de José de Acosta (1590), del Códice Ramírez, y posiblemente del volumen a la historia de la Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme (1867) de fray Diego Durán y la Crónica Mexicana de Hernando Alvarado Tezozómoc (1878). Todas ellas hablan de la historia de los antiguos mexicas.
La historia de la Crónica X, nace con la propuesta de Barlow, dónde se argumentaba que tal obra tenía ciertas similitudes, como lo hacían el Códice Ramírez y el Manuscrito Tovar- el cual es una versión corta de la obra de Diego Durán-, ya que esos dos; eran el mismo documento pero en diferente versión. Barlow buscó las similitudes entre la obra de Tezozómoc y Durán, lo que encontró es que ambas son crónicas pérdidas por un indígena, están en náhuatl, tiene dibujos, y su elaboración se aproxima entre los años 1534-36. Y dado a estás similitudes se le consideraba pues, la Crónica X.
La historia del Manuscrito Tovar, se remota en el año de 1568, cuando el virrey Marín Enríquez tenía un profundo deseo saber por el pasado mexica, para ello mandó juntar información y encomendó a Juan de Tovar como investigador, sin embargo éste personaje necesitó recurrir a las fuentes orales y testimoniales de los viejos indígenas. Lamentablemente su trabajo se perdió después de satisfacer la petición del virrey. Más tarde Tovar se dio la tarea de reescribir lo que había perdido a través de su memoria.
La historia de Diego Durán trata de que escribiera su obra en dos volúmenes, el primero sobre la historia de los mexicas (1581) y el segundo era sobre temas del calendario y ceremonias (1571). Dieciséis años después Tezozómoc  escribe su Crónica Mexicana, donde habla de la historia de los mexicas, y cuyo trabajo es similar a la de la obra de fray Diego Durán.
¿Cuál es la relación entre todas estas obras?  Los manuscritos Tovar-Ramírez tienen su origen en la obra de Durán a cual es la similar con la de Tezozómoc- la cual, de hecho sólo se dedica  a la historia de los mexicas y no al calendario y ceremonias como lo que hizo Durán- y que es una traducción de relación escrita.
En Tezozómoc y en Durán, llevan el mismo orden en el relato, ambos tienen largos discursos con fuertes elementos de retórica, sus relatos son muy sustanciosos (hay muchos detalles) y ambas tienen un mismo origen. Según Barlow esta relación perteneció a una tradición de historia mexica-tenochca proveniente de una tradición oral. Pero, ¿quién la elaboró? Es probable que debió ser un indígena; conocedor de códices, de náhuatl, descendiente de la nobleza y estudioso del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco. No se sabe, podrá venir incluso de la mente de Tezozómoc, solo queda afirmar que quien escribió la obra original debió ser el autor más próximo a la Crónica Mexicana.


Fuente interpretada: Burlow, Robert H., “La crónica X. Versiones coloniales de la historia de la mexica tenochca de Robert H. Barlow” en Revista mexicana de estudios antropológicos, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Antropológicas, 194, Vol. 7, pp. 65-87.

Interpretación sobre el texto “Estudio acerca del método de investigación de fray Bernardino de Sahagún” de Alfredo López Austin

Fray Bernardino de Sahagún (1499-1590) fue un misionero franciscano, el cual la labor que más lo caracteriza para estudiar la cultura náhuatl, es su método de investigación. Este misionero estaba particularmente interesado en el conocimiento de la religión antigua para evitar el regreso de la idolatría indígena. Es decir, referirse a la necesidad del conocimiento de las costumbres indígenas como auxiliar de evangelización.
Sahagún percibe en la tierra conquistada un mundo, un lugar que hace a los hombres naturales o extraños, la misión era separar a los jóvenes de los padres y enseñarles el dogma de Cristo.  Usando la lengua tradicional mexicana (náhuatl).
Su método consiste en reunir a los principales señores de un pueblo, éstas deben ser  razonablemente “aptas” para responder a las preguntas del fray, y que lo harían con varios traductores. De hecho, también toma en cuenta a los códices pictográficos.
También tiene etapas para la documentación; tener un escrito breve de la información obtenida,  dividirlo en partes,  y traducirlo del español a la lengua mexicana o viceversa. Creando así una obra de inmenso valor, dado a que se creó a una enciclopedia del pueblo náhuatl formada por material de los mismos indígenas. Y para promover la nueva religión se adaptó el sistema de escritura latina al idioma indígena, para formar el contenido cristiano.
La formación académica del fray le permitió forjar una jerarquía escolástica medieval adaptada a las nuevas tierras y poblaciones conquistadas (desde el cielo hasta lo más terrenal), eso lo permitió hacer modificaciones a las divinidades prehispánicas y dividirlos  por deidades junto a las costumbres religiosas.
Sus tres propósitos son evidentes: conocer la religión antigua, crear textos de los que se pueda obtener vocabulario y registrar los grandes logros culturales de los nahuas. Es por ello que en las obras de este personaje se encuentre un vasto repertorio o colección de libros sobre los dioses, donde se va dando cuenta la función de cada uno. De ahí como guía, le sirvió para sacar cuestiones sobre sus ritos, ceremonias y fiestas religiosas. Pero sus escritos sobre esta temática no provienen directamente de algún manuscrito de la lengua náhuatl, más bien provienen de un pequeño códice; sus preguntas son respondidas con dibujos pictográficos.
Sin embargo Fray Bernardino de Sahagún también se dedicó a la investigación de la astrología, al calendario nahua, a los augurios,  a la jerarquía política de los reyes y señores, a las cuestiones de ética y comportamiento de virtudes y vicios,  a la economía de los mercaderes, a la filosofía moral y teológica de aquellos pueblos y de hasta la visión que tuvieron los nahuas ante la conquista de México. Toda esa información recopilada en doce libros que seguían una metodología.
Esa metodología consistía en mandar a hacer preguntas, de las cuales se les responde con especialistas gramaticales o con códices que debían ser interpretados, haciendo listas de vocabulario y palabras útiles para la recopilación de su información. Y normalmente dividía sus textos en partes históricas, informativas o de costumbres según la temática que se planteaba.

Fuente interpretada: López Austin, Alfredo, “Estudio acerca del método de investigación de fray Bernardino de Sahagún”, en Estudios de Cultura Náhuatl, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, 1969, Vol. 42, pp. 353-400.

lunes, 6 de octubre de 2014

Interpretación del texto “Ramírez de Fuenleal y las antigüedades mexicanas” de Miguel León-Portilla

Se nos presenta a don Sebastián Ramírez de Fuenleal (1490-1547) como Presidente de la Segunda Audiencia en la Nueva España, llegó a México en 1531 como Obispo de Santo Domingo enfrentándose a una dura condición de las tierras conquistas.

Había una etapa muy crítica en la Nueva España, un caos que debía ser tratado por Fuenleal y sus colegas. Tenían que lidiar con la pacificación y población de tierras conquistadas, con las demandas de los conquistadores, con la actuación de órdenes religiosas, con la urbanización y defensa de la capital, la encomienda y tributación hacia los nuevos esclavos e indígenas.

Fuenleal se caracteriza por poner el poder y la paz mediante su autoridad. Su figura es descrita en diversas colecciones documentales de cartas entre cronistas y obispos. Nacido en España, estudió en Valladolid y se desempeñó en la Inquisición de Sevilla, en la Cancillería de Granada y fue Obispo de Santo Domingo y Presidente de la Audiencia de la Española a partir de 1529. Sin embargo el rasgo más característico de este personaje fueron los cinco años que tuvo en la Nueva España al enfrentarse con la encomienda y los corregimientos; su opinión ante la tributación y esclavitud, su aplicación de justicia y poder, entre otras funciones de gobernación.

Sin embargo, Fuenleal tiene un interés humanista por las antigüedades  del pasado indígena, por ello decide promover la investigación de este ámbito. Con una actitud comprensiva de estar en contra de los que trataban a los indígenas como seres inferiores, Fuenleal –que llegó a Veracruz en 1532- deseoso de conocer el país de forma directa, estaba consciente de que para tener una buena administración se debe conocer el territorio y  los problemas de los habitantes indígenas.
Entonces Fuenleal, convocó concilios para averiguar la situación de los pueblos y los territorios junto con la estructura institucional de los pueblos indígenas. Y estos fueron los resultados después de una dura labor de investigación:

-Descripción de la tierra: cuya tarea ya había sido encomendada y enviada hacia los poderes de España. Esta tarea se llevó a cabo junto con la relación de los pobladores. Su método consistía en la obtención de informes personales y envío de cuestionarios dirigidos  para indígenas y españoles. La información obtenida fue la descripción de los recursos naturales (riqueza minera), las formas de vida y gobierno indígena, la división de provincias (cuántos pueblos, casas y habitantes hay en una zona), formas de tributación y costumbres culturales. Toda esta información era enviada hacia las peticiones y preguntas del emperador en España.

-Propuesta de división del territorio en cuatro provincias para los futuros obispados: “Mechoacán”, “México”, “Huacaqualco” y “el de los Mixtecas”

-Síntesis de la más antigua descripción de la Nueva España en sus tempranos aspectos culturales, geográficos y socioeconómicos. Que permitió abrir las puertas a los investigadores posteriores de la época.

-Aportaciones para el conocimiento del mundo náhuatl: Fuenleal fue el primero de mostrar una imagen objetiva del pasado indígena, provocó que los frailes valoraran este mundo, se dedicó a la tradición de códices. Obtención de información de diversos lugares y provincias con organización política

-Debate sobre los asuntos de propiedad de las tierras prehispánicas.

-Información sobre la mitología cosmológica y deidades del mundo náhuatl, así como también sucesiones y cronologías históricas, como la conquista y la llegada de los españoles. En este aspecto se consultaron los códices y pinturas –incluso llevadas a Valladolid-


Su trabajo, básicamente fue sacar adelante al país conquistado en una serie de circunstancias difíciles, dando preludio para implantar un virreinato, fundó escuelas para la enseñanza occidental-europea pero se dedicó en mayoría a la mera descripción territorial, convirtiéndose en el primer investigador hispano del México conquistado y permitiendo promover otros futuros trabajos como el caso del franciscano  Olmos, estudioso de la cultura indígena.

Fuente interpretada: “Ramírez de Fuenleal y las antigüedades mexicanas” en Estudios de Cultura Náhuatl, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, 1969, Vol. 8, pp. 9-49.

Historiografía de México. Introducción hacia la historiografía indígena.

Es oficial, el estudio de la Historia es el pasado del hombre, conformado por el paso de más de tres millones de años (si se consideran los restos arqueológicos del ancestro más primitivo del hombre: Lucy). El pasado es incognoscible, ¿quién afirma que el pasado existe? Ortega y Gasset lo afirman; el pasado existe como una forma peculiar del ser del presente.
¿Por qué el hombre guarda en su memoria el recuerdo de algunos episodios del pasado? Porque éste recuerda todo aquello que trascendió, impactó  y consideró importante en la conciencia del ser humano en un determinando espacio temporal.
El hombre, por otro lado siempre ha estado en constante cambio; es estático. El recuerdo también lo es, cobrando diferentes dimensiones y tonalidades; no se puede guardar en la memoria los acontecimientos tal y como ocurrieron. Sin embargo toda esa memoria se trae al presente como objeto de análisis para crear un nuevo conocimiento.
A eso anterior, se le consideran los primeros pasos del historia que son acompañados por medio de testimonios orales y por el medio escrito, este último el medio más complejo. El criterio que opera para registrar el acontecer es la trascendencia preservada en piedra, barro, piel o papel.
Pero  fue la escritura, que dio inicio al texto histórico y a la complejidad del discurso sobre el pasado.  Aquí ya entra la labor de la historiografía que se inca no solo en que dice del pasado, sino también cómo lo dice y por qué se dice de esa manera. Si se hacen esas cuestiones es adentrarse al pasado ya no solo del texto, si no al pasado del mismo autor.
El texto historiográfico está cargado de ideologías e innumerables cambios adaptándose a los cambios del espacio-tiempo. Por ejemplo en Mesoamérica,  la memoria solía guardarse en el tallado de piedra, su siguiente paso fue la manufactura del códice. El cual tuvo su transformación cultural mediante la primera mitad del siglo XVI con la Nueva España.
Esa transformación se dio debido a que los conquistadores a la hora de querer consultar los códices prehispánicos y coloniales- para fines económicos, políticos o territoriales-, les resultaba una labor difícil dado a la traducción. Es por ello que en muchos códices se encuentra ya la escritura en náhuatl o en español a lado de los pictogramas. Después aparecieron los códices transcritos, traducidos del náhuatl al español o viceversa.  Con esto nace, de la historiografía indígena, la tradición novohispana.
Sin embargo existe un problema  entre el acontecimiento histórico y el fenómeno historiográfico, este problema tiene que ver con el discurso del contenido histórico. Se trata de que los historiadores deben considerar también aquellos discursos guardados en la memoria y transmitidos en voz,  dado a que hay ciertas comunidades que usaron esta forma de registro antes que la escritura o en vez de ella.
Volviendo a la historiografía de la tradición indígena, un elemento que llama la atención es la autoría, que  presenta el nombre del autor que compuso la obra. Gracias a este elemento se sabe de la labor de cronistas indígenas como Cristóbal del Castillo, Hernando Alvarado Tezozómoc o San Antón Muñon Chimalpain.
Cabe decir que en el proceso historiográfico existen fases vinculadas unas a otras que  muestran el antecedente de una a otra. Y sobre la historiografía novohispana de tradición indígena no quedó en los inicios del siglo XVII, aún llegan a aparecer en obras de Carlos de Sigüenza y Góngora, cuando el criollismo estaba floreciendo.

Fuente de apoyo: Romero Galván, José Rubén, “Introducción” en José Rubén Romero Galván coordinador, Historiografía mexicana I. Historiografía novohispana de tradición indígena, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, 2003, pp. 9-20.

domingo, 5 de octubre de 2014

Sobre el libro "Los códices" de Pablo Escalante Gonzalbo.

Pablo Escalante Gonzalbo (1963) es doctor en historia, investigador en el Instituto de Investigaciones Estéticas y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.  Es él, quien escribe a través de su libro sobre los elementos artísticos e historiográficos de los códices obtenidos de la tradición indígena y de la cultura cristiana.
Los códices, como rasgo cultural de las culturas mesoamericanas, son únicos por su forma de registro en América. Y a pesar de que la Conquista trajo consigo una alta destrucción de muchos códices, poco a poco los españoles colonizadores comenzaron a aceptar este tipo de prácticas; naciendo así, contenidos de la tradición indígena con la cultura religiosa y colonial.
Escalante explica las características particulares y generales de los códices: ¿Cuál es su función o importancia? Prácticamente forman parte de la gran tradición mesoamericana de registro para documentar diversas actividades de ese mundo.  Pero aún en su tiempo, era necesario entenderlos e interpretarlos  de forma completa a través de la tradición oral y la memoria.
Esto es dado a sus complejos elementos de escritura; el pictograma (figuras que representan seres humanos, animales, plantas y objetos), el ideograma (signos que expresan ideas) y los signos fonéticos (del valor fonético para la pronunciación), los dos últimos conocidos como glifos. Están ellos escritos sobre un soporte de piel de venado o papel de amate empalmados sobre largas tiras que se podían enrollar o plegar en forma de biombo. Su proceso de escritura era totalmente mediante la aplicación de diferentes tipos de capas y a través de la pintura y el dibujo.
No hay que olvidar a los antecedentes de los códices, que en vez de ser expresado en papel, se hacía en piedra; en murales. Pero es necesario mencionar que los códices comenzaron a gestarse en el periodo clásico y tenían semejanza con las pinturas murales.
En el posclásico, entre los año 950 y 1150 surge el estilo Mixteca-Pueblo del intercambio cultural entre las alianzas de grupos nobles de la región poblana y los mixtecas. Su estilo se caracteriza por el variado uso de colores, un vasto repertorio de figuras y signos relacionados con concepciones religiosas, políticas, militares y sociales, por el uso frecuente  del cuerpo humano y figuras antropomorfas. En la tradición maya, diferente a las obras mesoamericanas, el estilo es totalmente logográfico; la forma de registro es diferente aunque también usan cierta pictografía similar.
La llegada de los conquistadores, significó la pérdida de de varias bibliotecas palaciegas (junto con templos, palacios y ciudades de las antiguas civilizaciones) porque eran considerados como asuntos del demonio. De hecho fueron los religiosos quienes atacaron esta tradición. Sin embargo poco a poco, la aceptación española hacia los códices fue aceptada dado a la utilidad de información que podían favorecer sus intereses de conquista, y también para ventilar asuntos judiciales y administrativos coloniales de las nuevas tierras ya conquistadas.
Fueron en sí, los mismos religiosos  que mandaron destruir los códices, pero tiempo después aceptaron y ordenaron promover e investigar el contenido de esta escritura para servir a sus fines de evangelización. Fue entonces, que con la mirada del Renacimiento occidental, los españoles decidieron cambiar las figuras de la tradición mesoamericana por una representación más europea, para ello se fundan nuevas escuelas en diversos conventos.Es por ello la influencia de los grabados europeos en los códices; hay una combinación de los modelos de escritura y dibujo mesoamericano con lo europeo.
Hay varios propósitos con los que se escribían los códices después de la colonia; históricos (donde se explicaba la genealogía  de las alianzas familiares), mitología (donde se ocultan conceptos de legitimidad política y fundamentación de los derechos de sus tierras) , geográficos  (dónde se registraban los linderos entre comunidades y señoríos), económicos ( por la necesidad de contabilizar los tributos hacia los conquistadores) y  temporal (exclusivamente para el calendario y la cuenta de los días).




Interpretación sobre el texto “El registro de la historia” de Martínez Marín Carlos. Sobre los códices mesoamericanos.

Ubicándonos en la vieja Mesoamérica, hay que tomar en cuenta que los pueblos que habitaron en ese ámbito geográfico-cultural desde el Preclásico, tuvieron el propósito de conservar el pasado, buscar la función de su presente y preservar el futuro a través de diversas formas gráficas.  
 Su sistema comenzó con la forma escultórica; primero sobre la piedra en construcciones arquitectónicas, o sobre la cerámica la cual se integró a la pintura mural. Luego el registro se plasmó hacia soportes blandos, manuales o libros; los códices inventados por los mesoamericanos. El tipo de registro no solo se trataba de conocimiento religioso o astronómico como lo hicieron los mayas en mayoría, si no también se trataba de manifestar la historia.
Su manifestación de la historia se relaciona con la escritura del calendario con el sistema de numeración de puntos y barras o/y con el formato de glifos en columna. Este  vasto sistema de cronograma contiene un alto registro  político y social de ese tiempo, porque la numeración de puntos ofrece datos temporales y los glifos contienen datos espaciales.
Ese tipo de información ofrecida por esos sistemas de registro permite saber cuestiones políticas y sociales de los pueblos mesoamericanos como nacimientos, mapas, conquistas, centros de poder, nombres y vidas de gobernantes, etcétera. Sin embargo no todos los pueblos ofrecen abundante información como es el caso de la zona de Teotihuacán, donde hubo pocas condiciones de registro a comparación con Cacaxtla, donde hay una vasta cantidad datos temporales del sistema maya-zapoteco.
De hecho donde abundan más inscripciones es en la zona  oaxaqueña y maya, a partir del Posclásico, tiempo dónde se generaliza el uso de los códices, útiles para saber información de culturales, políticos, económicos y sociales. Y que también fueron apreciados-pero al mismo tiempo, destruidos en la época de la conquista y la colonia española-.
Tanto fue el impacto hacia los españoles ante los códices, que no solo les sirvieron de interés estratégico, útil para el proceso de conquista. Algunos misioneros y cronistas de la época como Sahagún y Gómara escribieron que los códices eran escritos bárbaros con jeroglíficos e imágenes. Otros como los jesuitas Tovar y Acosta comentaron que de verdad ofrecían datos históricos.
El interés de aquellos interesados españoles por el registro mesoamericano, no fue suficiente para impedir la destrucción de los códices prehispánicos, dado a que eran considerados como “obras del demonio”.  Fue tanto la quema y saqueo de libros, que si los militares decidían no destruir algunas obras, lo eran pero por otro grupo conquistador. Todo con fines de evangelización y dominio religioso para reprimir a los ídolos de los mesoamericanos.
Hubo muchas clases de códices, todos diferentes según el propósito. Los cronistas que se ocuparon de los pueblos nahuas indican que hubo diferentes clases de que se dividían temporalmente (para asuntos historiográficos) o religiosamente,  o para control administrativo de tierras y tributos. Otros códices fueron usados para asuntos de lectura religiosa pública, y algunos ofrecían registros tributarios o económicos.
Los rasgos más característicos de los códices son cómo están presentados: con pintura, por sus tamaños o su por su forma presentada; doblados verticalmente y enormes, y por su material hechos con fibras liberianas de higuerillas. Sus creadores, fueron sabios con habilidades y con diversos niveles, según las necesidades y propósitos o estratos sociales.Y sus usuarios, eran los que hacían la declaración y los que sabían descifrar, dado a que estaban instruidos para ello.
Hoy en día, quedan restos apenas míseros de la inmensa cantidad ya destruida o saqueada, la mayoría se hallan en países europeos, los restantes-muy pocos- en México.

Fuente interpretada: "El registro de la historia" en José Rubén Romero Galván coordinador, Historiografía mexicana I. Historiografía novohispana de tradición indígena, México, UNAM, Instituto de investigaciones Históricas, 2003, pp. 21-50.

sábado, 4 de octubre de 2014

Interpretación sobre el texto “La totalidad del texto” de Rosa Camelo



Camelo hace un análisis historiográfico del análisis historiográfico de O´Gorman del trabajo historiográfico de Acosta.

Rosa Camelo, maestra de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, propone un análisis historiográfico en referencia la cuestión de la práctica que cambiaría el quehacer  histórico para comprender el cómo y el porqué de la escritura de la Historia.
Su propuesta tiene que ver con el contacto directo del texto historiográfico, como una interacción entre el lector y el autor, donde éste último comparte sus ideas y  visiones de acuerdo a su contexto con percepción de su presente y su pasado.
Toma como apoyo el prólogo de Edmundo O´Gorman en Historia natural y moral de las Indias (1940), dónde éste historiador exhibe el pensamiento del jesuita antropólogo del siglo XVI Joseph de Acosta, marcando una función de totalizador para lograr su objetivo de prologuista (actualizador de la obra a nuestro contexto).
La función del totalizador implica situar la obra en su tiempo-espacio de su redacción, y significa lectura total para captar la intencionalidad, estructura, ideas, sentido y temporalidad de ese trabajo; comprenderla  en su profundidad.
Esto rompe con la lectura fragmentada, que solo busca “lo especifico”. La ventaja de este tratamiento contribuye a la comprensión de los textos del pasado para buscar el sentido del contenido de obras que la lectura fragmentaria había ocultado
Los resultados de tener una visión objetiva y original sobre los datos no solo permiten formar un aparato crítico, si no también permiten encontrar una temática rica y abundante; los porqué y cómo del trabajo estudiado. Y  genera preguntas, dónde las respuestas pueden terminar en una serie de infinitas suposiciones.
El tratamiento de esta totalidad, puede significar una lectura entera, reposada y atenta, pero también involucra incorporar datos que rodeen al trabajo historiográfico; es decir consultar diferentes lecturas y lectores. Al lector, porque permite situarlo en su tiempo y en su espacio, y a las lecturas por que permiten una comparación.

Fuente interpretada: Camelo, Rosa de Lourdes, “La totalidad del texto”, en Rosa Camelo y Miguel Pastrana Flores, coordinaroes, La experiencia historiográfica. VIII Coloquio de análisis historiográfico, México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2009, pp. 11-22.

Sobre los últimos años del Imperio Romano como preludio de la Edad Media

La caída del Imperio Romano, cuyo hecho ofreció posteriormente el preludio hacia una Europa Medieval, no ocurrió repentinamente en el siglo V, si no que este proceso se remonta a finales del siglo II y principios del III, donde en acto de supervivencia, los emperadores lidiaron contra partidas de varios grupos ajenos al imperio como francos, alamanes, godos, Atila y los hunos, sin olvidar el tener que lidiar con la competencia del imperio persa.
 De hecho Roma, no sólo sobrevivía- o trataba de sobrevivir- si no que también era portadora de una entidad cultural que le permitía cierta conservación social y territorial ante su destrucción; el cristianismo. ¿Por qué conservación? Al tener un dios - a Dios- que deseaba la unidad, amistad y paz del género humano de forma internacional, al Imperio le convenía ser una Roma eclesiástica porque Dios enseña sus leyes a todas las naciones que debían en ese entonces,  romanizarse.
Sin embargo, la esperanza de que se mantuviera el Imperio fue afectada ya no solo por las invasiones bárbaras, sino también por una división territorial cuya ocuparía los dos herederos de Teodosio; Honorio en Occidente y Arcadio en Oriente. Y por los saqueos visigodos cuyas incursiones la sufrieron también los cristianos; La Ciudad de Dios  de San Agustín, es una consecuencia cultural que demuestra no solo los primeros parámetros filosóficos del cristianismo, sino que también hasta dónde fueron los límites de la invasión: Norte de África romana.
Pero los reinos vándalos no solo se ocuparon esa zona, Atila y sus masas de hunos fueron una dura molestia para la pars Occidentis del Imperio. Fue de  Rómulo Agustúlo la ya idea de que la política del Imperio ya no existía gracias a las entidades bárbaras independientes establecidas en todo el territorio, ya hasta en el  476, este personaje fue el último emperador. Así cayó el Imperio Romano, pero cristianizado culturalmente.
Sin embargo, existió una reivindicación; Justiniano desde el trono de Constantinopla, tuvo ciertas convicciones: imponer la ortodoxia quitando el arrianismo, y recuperar el pasado romano dado a que Europa estaba infestada de pueblos bárbaros: los ostrogodos- ya liberados de los hunos-, los francos en la Galia, los anglos y sajones en Britania y en una Irlanda evangelizada como cristiana desde antes del 476. Sin embargo sus logros solo se limitaron a recuperar el Norte de África y  a un pedazo de la Italia ostrogoda.
Esos límites, también se reflejan dado a la fuerte presencia de la monarquía visigótica en Hispania, era muy difícil un re-nacer del Imperio Romano, pero no lo era para el cristianismo antiarriano y antijudaísta ya desarrollándose desde Toledo, ni tampoco para el saber de la cultura clásica impuesta por Isidoro de Sevilla con sus Etimologías. Se abría un nuevo ciclo en la historia de Europa.

Dado entonces a la transformación y difusión de ese cristianismo, un nuevo imperio-ya no el Romano- comienza a parecer con nombre en Roma, donde se abrió una autoridad papal que extendía su jurisdicción a varios territorios europeos. Sin embargo tuvieron que pasar muchos  concilios, incluso desde el siglo III para que el cristianismo fuera aceptado, y también acuerdos del  papa León I el Magno con la autoridad de Constantinopla y el obispo de Roma para que tal lugar fuera considerado como una sede de autoridad papal.

Interpretación sobre el texto "La Historia y sus limitaciones" de Ramón Iglesia.


Hay varios puntos de vista sobre cuestiones de cómo se concibe la historia y todo su ser, por ejemplo los que piensan que no se puede escribir la historia de una país porque aún no se conocen hechos suficientes para ello, ó los que piensan que la historia es capaz de establecer leyes que permitan conocer el porvenir en un sentido de predecir.
Para ello se debe señalar cuáles son los límites de lo que se mueve dentro del conocimiento histórico, lo que debe o no ser la historia, para qué es y para que no. Primero se debe tomar en cuenta el concepto sobre “historia” entendido como un hecho ocurrido en el pasado o como un relato de un hecho en conexión con la vida. Y relacionarlo este concepto con “ciencia”.
Pensar esa relación ha provocado en sí, mucho debate entre las diversas comunidades académicas en cuestión de si la historia es un conocimiento científico o no. Hay que recordar que la ciencia abarca lo general, lo mensurable y  lo experimentable. Y que el conocimiento científico establece leyes  (verdades válidas que determinan lo que ha de suceder en un determinado conjunto de circunstancias).
Hace un par de siglos que los diferentes tipos de conocimientos comenzaron a establecer sus propias leyes y hacer sus experimentos, en especial las matemáticas- las más favorecidas de todos los conocimientos-, luego las ciencias físicas y químicas, luego las biológicas y al final las psicológicas. A la historia, a pesar de ser uno de los conocimientos más antiguos, no se le consideró como un conocimiento científico ya que los hechos históricos que estudia no tienen validez general, no se  les pueden medir ni experimentar y por consiguiente y mucho menos poder establecer leyes.
Entraron entonces los que se dedicaban al estudio histórico a buscar la relación de ciencia-historia, apoyándose de diversas acciones que terminaron en nuevas formas de conocimiento;
-apoyarse de los hechos en gran escala y de la abundancia de datos numéricos  del presente y difícilmente del pasado, implica estadística.
-apoyarse de los fenómenos del lenguaje, implica filología.
-apoyarse del pasado humano desde sus orígenes, desde el tipo de sociedades y sus formas de vida, implica antropología.
-apoyarse en la búsqueda de datos para una clasificación que ayuda a establecer leyes del devenir humano, implica  sociología.  
Con ese nacimiento de nuevos conocimientos, se empezó a cuestionar de si la historia era un tipo de conocimiento distinto.
Para eso,  llega Heinrich Rickert (profesor alemán de la Universidad de Heidelberg del siglo XIX) planteando si la historia es una ciencia natural o no, dividiendo  a los físicos, químicos, anatómicos, biólogos,  etc., como conocedores de las ciencia naturales y como los  extractores  de lo que hay en común y universal en diferentes tipos de hechos de la realidad. Y a los juristas, filólogos, historiadores, etc., como conocedores de las ciencias del espíritu, -que es diferente a la ciencia de la vida espiritual, la cual se dedica la psicología-, y  como exponentes de la realidad.
 Rickert también habla sobre los valores (como bienes de cultural; nacionalidad, justicia)  donde la historia no puede establecer juicios de valor, pero si puede estudiar esos valores.  Que también se escribe sin pre-juicios (no prejuicio de adquirir una idea preconcebida de algo, si no como un juicio previo) para tener posibilidad de elegir los hechos. Se busca siempre la imparcialidad y la objetividad.
Y se define a la historia como acción, elaboración, creación humana; lo que no está hecho y vivido. Como ocupante del pasado tomando en cuenta al presente sin poder predecir el futuro. Y que no es una ciencia generalizadora  que descubre leyes para explicar los fenómenos del hombre.
Ahora, ¿por qué se piensa que la historia no se puede escribir por falta de conocimiento de los hechos? Esa cuestión tiene su justificación; los historiadores siempre descubren errores e insuficiencias en sus hechos. Lo que provocó que redujeran su campo de investigación a cosas más específicas y minúsculas para conseguir conclusiones más sólidas, creando a su vez un conocimiento muy limitado, careciendo de visiones de los problemas generales históricos. Los historiadores se hicieron gala de la especialización, convirtiéndolos en coleccionistas y  acumuladores de materiales.

Por eso, se necesita un criterio previo de selección en el trabajo histórico. Y una cierta actitud ante la producción histórica, donde siempre se debe considerar al factor humano. Se necesita imparcialidad, ya que los malos historiadores no tienen el claro el concepto de perspectiva (visión de un objeto, paisaje o persona donde dos personas contemplan ese mismo elemento de diferente manera). A los historiadores las falta simpatía, vida  y pasión por los temas y tratarlos no hacia un solo gremio de académicos, si no a un grupo amplio de personas; la historia no debe ser algo inaccesible. Todo trabajo histórico debe llevarse a cabo por la meditación y la interpretación.

Fuente interpretada: Iglesia, Ramón, "La Historia y sus limitaciones", en El hombre Colón y otros ensayos, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, pp. 32-54.