domingo, 5 de octubre de 2014

Interpretación sobre el texto “El registro de la historia” de Martínez Marín Carlos. Sobre los códices mesoamericanos.

Ubicándonos en la vieja Mesoamérica, hay que tomar en cuenta que los pueblos que habitaron en ese ámbito geográfico-cultural desde el Preclásico, tuvieron el propósito de conservar el pasado, buscar la función de su presente y preservar el futuro a través de diversas formas gráficas.  
 Su sistema comenzó con la forma escultórica; primero sobre la piedra en construcciones arquitectónicas, o sobre la cerámica la cual se integró a la pintura mural. Luego el registro se plasmó hacia soportes blandos, manuales o libros; los códices inventados por los mesoamericanos. El tipo de registro no solo se trataba de conocimiento religioso o astronómico como lo hicieron los mayas en mayoría, si no también se trataba de manifestar la historia.
Su manifestación de la historia se relaciona con la escritura del calendario con el sistema de numeración de puntos y barras o/y con el formato de glifos en columna. Este  vasto sistema de cronograma contiene un alto registro  político y social de ese tiempo, porque la numeración de puntos ofrece datos temporales y los glifos contienen datos espaciales.
Ese tipo de información ofrecida por esos sistemas de registro permite saber cuestiones políticas y sociales de los pueblos mesoamericanos como nacimientos, mapas, conquistas, centros de poder, nombres y vidas de gobernantes, etcétera. Sin embargo no todos los pueblos ofrecen abundante información como es el caso de la zona de Teotihuacán, donde hubo pocas condiciones de registro a comparación con Cacaxtla, donde hay una vasta cantidad datos temporales del sistema maya-zapoteco.
De hecho donde abundan más inscripciones es en la zona  oaxaqueña y maya, a partir del Posclásico, tiempo dónde se generaliza el uso de los códices, útiles para saber información de culturales, políticos, económicos y sociales. Y que también fueron apreciados-pero al mismo tiempo, destruidos en la época de la conquista y la colonia española-.
Tanto fue el impacto hacia los españoles ante los códices, que no solo les sirvieron de interés estratégico, útil para el proceso de conquista. Algunos misioneros y cronistas de la época como Sahagún y Gómara escribieron que los códices eran escritos bárbaros con jeroglíficos e imágenes. Otros como los jesuitas Tovar y Acosta comentaron que de verdad ofrecían datos históricos.
El interés de aquellos interesados españoles por el registro mesoamericano, no fue suficiente para impedir la destrucción de los códices prehispánicos, dado a que eran considerados como “obras del demonio”.  Fue tanto la quema y saqueo de libros, que si los militares decidían no destruir algunas obras, lo eran pero por otro grupo conquistador. Todo con fines de evangelización y dominio religioso para reprimir a los ídolos de los mesoamericanos.
Hubo muchas clases de códices, todos diferentes según el propósito. Los cronistas que se ocuparon de los pueblos nahuas indican que hubo diferentes clases de que se dividían temporalmente (para asuntos historiográficos) o religiosamente,  o para control administrativo de tierras y tributos. Otros códices fueron usados para asuntos de lectura religiosa pública, y algunos ofrecían registros tributarios o económicos.
Los rasgos más característicos de los códices son cómo están presentados: con pintura, por sus tamaños o su por su forma presentada; doblados verticalmente y enormes, y por su material hechos con fibras liberianas de higuerillas. Sus creadores, fueron sabios con habilidades y con diversos niveles, según las necesidades y propósitos o estratos sociales.Y sus usuarios, eran los que hacían la declaración y los que sabían descifrar, dado a que estaban instruidos para ello.
Hoy en día, quedan restos apenas míseros de la inmensa cantidad ya destruida o saqueada, la mayoría se hallan en países europeos, los restantes-muy pocos- en México.

Fuente interpretada: "El registro de la historia" en José Rubén Romero Galván coordinador, Historiografía mexicana I. Historiografía novohispana de tradición indígena, México, UNAM, Instituto de investigaciones Históricas, 2003, pp. 21-50.

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