La caída del Imperio Romano, cuyo hecho ofreció posteriormente el
preludio hacia una Europa Medieval, no ocurrió repentinamente en el siglo
V, si no que este proceso se remonta a finales del siglo II y principios del
III, donde en acto de supervivencia, los emperadores lidiaron contra partidas
de varios grupos ajenos al imperio como francos, alamanes, godos, Atila y los
hunos, sin olvidar el tener que lidiar con la competencia del imperio persa.
De
hecho Roma, no sólo sobrevivía- o trataba de sobrevivir- si no que también era
portadora de una entidad cultural que le permitía cierta conservación social y
territorial ante su destrucción; el cristianismo. ¿Por qué conservación? Al
tener un dios - a Dios- que deseaba la unidad, amistad y paz del género humano
de forma internacional, al Imperio le convenía ser una Roma eclesiástica porque
Dios enseña sus leyes a todas las naciones que debían en ese entonces, romanizarse.
Sin
embargo, la esperanza de que se mantuviera el Imperio fue afectada ya no solo
por las invasiones bárbaras, sino también por una división territorial cuya
ocuparía los dos herederos de Teodosio; Honorio en Occidente y Arcadio en
Oriente. Y por los saqueos visigodos cuyas incursiones la sufrieron también los
cristianos; La Ciudad de Dios de San Agustín, es una consecuencia cultural
que demuestra no solo los primeros parámetros filosóficos del cristianismo,
sino que también hasta dónde fueron los límites de la invasión: Norte de África
romana.
Pero
los reinos vándalos no solo se ocuparon esa zona, Atila y sus masas de hunos
fueron una dura molestia para la pars
Occidentis del Imperio. Fue de
Rómulo Agustúlo la ya idea de que la política del Imperio ya no existía
gracias a las entidades bárbaras independientes establecidas en todo el
territorio, ya hasta en el 476, este
personaje fue el último emperador. Así cayó el Imperio Romano, pero
cristianizado culturalmente.
Sin
embargo, existió una reivindicación; Justiniano desde el trono de Constantinopla,
tuvo ciertas convicciones: imponer la ortodoxia quitando el arrianismo, y
recuperar el pasado romano dado a que Europa estaba infestada de pueblos
bárbaros: los ostrogodos- ya liberados de los hunos-, los francos en la Galia,
los anglos y sajones en Britania y en una Irlanda evangelizada como cristiana
desde antes del 476. Sin embargo sus logros solo se limitaron a recuperar el
Norte de África y a un pedazo de la
Italia ostrogoda.
Esos
límites, también se reflejan dado a la fuerte presencia de la monarquía
visigótica en Hispania, era muy difícil un re-nacer del Imperio Romano, pero no
lo era para el cristianismo antiarriano y antijudaísta ya desarrollándose desde
Toledo, ni tampoco para el saber de la cultura clásica impuesta por Isidoro de
Sevilla con sus Etimologías. Se abría un nuevo ciclo en la historia de Europa.
Dado
entonces a la transformación y difusión de ese cristianismo, un nuevo imperio-ya
no el Romano- comienza a parecer con nombre en Roma, donde se abrió una
autoridad papal que extendía su jurisdicción a varios territorios europeos. Sin
embargo tuvieron que pasar muchos concilios, incluso desde el siglo III para que
el cristianismo fuera aceptado, y también acuerdos del papa León I el Magno con la autoridad de
Constantinopla y el obispo de Roma para que tal lugar fuera considerado como
una sede de autoridad papal.
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