sábado, 4 de octubre de 2014

Sobre los últimos años del Imperio Romano como preludio de la Edad Media

La caída del Imperio Romano, cuyo hecho ofreció posteriormente el preludio hacia una Europa Medieval, no ocurrió repentinamente en el siglo V, si no que este proceso se remonta a finales del siglo II y principios del III, donde en acto de supervivencia, los emperadores lidiaron contra partidas de varios grupos ajenos al imperio como francos, alamanes, godos, Atila y los hunos, sin olvidar el tener que lidiar con la competencia del imperio persa.
 De hecho Roma, no sólo sobrevivía- o trataba de sobrevivir- si no que también era portadora de una entidad cultural que le permitía cierta conservación social y territorial ante su destrucción; el cristianismo. ¿Por qué conservación? Al tener un dios - a Dios- que deseaba la unidad, amistad y paz del género humano de forma internacional, al Imperio le convenía ser una Roma eclesiástica porque Dios enseña sus leyes a todas las naciones que debían en ese entonces,  romanizarse.
Sin embargo, la esperanza de que se mantuviera el Imperio fue afectada ya no solo por las invasiones bárbaras, sino también por una división territorial cuya ocuparía los dos herederos de Teodosio; Honorio en Occidente y Arcadio en Oriente. Y por los saqueos visigodos cuyas incursiones la sufrieron también los cristianos; La Ciudad de Dios  de San Agustín, es una consecuencia cultural que demuestra no solo los primeros parámetros filosóficos del cristianismo, sino que también hasta dónde fueron los límites de la invasión: Norte de África romana.
Pero los reinos vándalos no solo se ocuparon esa zona, Atila y sus masas de hunos fueron una dura molestia para la pars Occidentis del Imperio. Fue de  Rómulo Agustúlo la ya idea de que la política del Imperio ya no existía gracias a las entidades bárbaras independientes establecidas en todo el territorio, ya hasta en el  476, este personaje fue el último emperador. Así cayó el Imperio Romano, pero cristianizado culturalmente.
Sin embargo, existió una reivindicación; Justiniano desde el trono de Constantinopla, tuvo ciertas convicciones: imponer la ortodoxia quitando el arrianismo, y recuperar el pasado romano dado a que Europa estaba infestada de pueblos bárbaros: los ostrogodos- ya liberados de los hunos-, los francos en la Galia, los anglos y sajones en Britania y en una Irlanda evangelizada como cristiana desde antes del 476. Sin embargo sus logros solo se limitaron a recuperar el Norte de África y  a un pedazo de la Italia ostrogoda.
Esos límites, también se reflejan dado a la fuerte presencia de la monarquía visigótica en Hispania, era muy difícil un re-nacer del Imperio Romano, pero no lo era para el cristianismo antiarriano y antijudaísta ya desarrollándose desde Toledo, ni tampoco para el saber de la cultura clásica impuesta por Isidoro de Sevilla con sus Etimologías. Se abría un nuevo ciclo en la historia de Europa.

Dado entonces a la transformación y difusión de ese cristianismo, un nuevo imperio-ya no el Romano- comienza a parecer con nombre en Roma, donde se abrió una autoridad papal que extendía su jurisdicción a varios territorios europeos. Sin embargo tuvieron que pasar muchos  concilios, incluso desde el siglo III para que el cristianismo fuera aceptado, y también acuerdos del  papa León I el Magno con la autoridad de Constantinopla y el obispo de Roma para que tal lugar fuera considerado como una sede de autoridad papal.

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