Hay
varios puntos de vista sobre cuestiones de cómo se concibe la historia y todo
su ser, por ejemplo los que piensan que no se puede escribir la historia de una
país porque aún no se conocen hechos suficientes para ello, ó los que piensan
que la historia es capaz de establecer leyes que permitan conocer el porvenir
en un sentido de predecir.
Para
ello se debe señalar cuáles son los límites de lo que se mueve dentro del
conocimiento histórico, lo que debe o no ser la historia, para qué es y para
que no. Primero se debe tomar en cuenta el concepto sobre “historia” entendido
como un hecho ocurrido en el pasado o como un relato de un hecho en conexión
con la vida. Y relacionarlo este concepto con “ciencia”.
Pensar
esa relación ha provocado en sí, mucho debate entre las diversas comunidades académicas
en cuestión de si la historia es un conocimiento científico o no. Hay que recordar
que la ciencia abarca lo general, lo mensurable y lo experimentable. Y que el conocimiento
científico establece leyes (verdades
válidas que determinan lo que ha de suceder en un determinado conjunto de
circunstancias).
Hace
un par de siglos que los diferentes tipos de conocimientos comenzaron a
establecer sus propias leyes y hacer sus experimentos, en especial las matemáticas-
las más favorecidas de todos los conocimientos-, luego las ciencias físicas y
químicas, luego las biológicas y al final las psicológicas. A la historia, a
pesar de ser uno de los conocimientos más antiguos, no se le consideró como un
conocimiento científico ya que los hechos históricos que estudia no tienen
validez general, no se les pueden medir
ni experimentar y por consiguiente y mucho menos poder establecer leyes.
Entraron
entonces los que se dedicaban al estudio histórico a buscar la relación de
ciencia-historia, apoyándose de diversas acciones que terminaron en nuevas formas
de conocimiento;
-apoyarse
de los hechos en gran escala y de la abundancia de datos numéricos del presente y difícilmente del pasado,
implica estadística.
-apoyarse
de los fenómenos del lenguaje, implica filología.
-apoyarse
del pasado humano desde sus orígenes, desde el tipo de sociedades y sus formas
de vida, implica antropología.
-apoyarse
en la búsqueda de datos para una clasificación que ayuda a establecer leyes del
devenir humano, implica sociología.
Con
ese nacimiento de nuevos conocimientos, se empezó a cuestionar de si la
historia era un tipo de conocimiento distinto.
Para
eso, llega Heinrich Rickert (profesor
alemán de la Universidad de Heidelberg del siglo XIX) planteando si la historia
es una ciencia natural o no, dividiendo a los físicos, químicos, anatómicos, biólogos,
etc., como conocedores de las ciencia
naturales y como los extractores de lo que hay en común y universal en diferentes
tipos de hechos de la realidad. Y a los juristas, filólogos, historiadores,
etc., como conocedores de las ciencias del espíritu, -que es diferente a
la ciencia de la vida espiritual, la cual se dedica la psicología-, y como exponentes de la realidad.
Rickert también habla sobre los valores (como
bienes de cultural; nacionalidad, justicia)
donde la historia no puede establecer juicios de valor, pero si
puede estudiar esos valores. Que también
se escribe sin pre-juicios (no prejuicio de adquirir una idea
preconcebida de algo, si no como un juicio previo) para tener posibilidad de
elegir los hechos. Se busca siempre la imparcialidad y la objetividad.
Y
se define a la historia como acción, elaboración, creación humana; lo que no
está hecho y vivido. Como ocupante del pasado tomando en cuenta al presente sin
poder predecir el futuro. Y que no es una ciencia generalizadora que descubre leyes para explicar los
fenómenos del hombre.
Ahora,
¿por qué se piensa que la historia no se puede escribir por falta de
conocimiento de los hechos? Esa cuestión tiene su justificación; los
historiadores siempre descubren errores e insuficiencias en sus hechos. Lo que
provocó que redujeran su campo de investigación a cosas más específicas y
minúsculas para conseguir conclusiones más sólidas, creando a su vez un
conocimiento muy limitado, careciendo de visiones de los problemas generales
históricos. Los historiadores se hicieron gala de la especialización,
convirtiéndolos en coleccionistas y acumuladores de materiales.
Por
eso, se necesita un criterio previo de selección en el trabajo histórico. Y una
cierta actitud ante la producción histórica, donde siempre se debe considerar
al factor humano. Se necesita imparcialidad, ya que los malos historiadores no
tienen el claro el concepto de perspectiva (visión de un objeto, paisaje o
persona donde dos personas contemplan ese mismo elemento de diferente manera).
A los historiadores las falta simpatía, vida
y pasión por los temas y tratarlos no hacia un solo gremio de académicos,
si no a un grupo amplio de personas; la historia no debe ser algo inaccesible. Todo
trabajo histórico debe llevarse a cabo por la meditación y la
interpretación.
Fuente interpretada: Iglesia, Ramón, "La Historia y sus limitaciones", en El hombre Colón y otros ensayos, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, pp. 32-54.
Fuente interpretada: Iglesia, Ramón, "La Historia y sus limitaciones", en El hombre Colón y otros ensayos, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, pp. 32-54.
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