sábado, 4 de octubre de 2014

Interpretación sobre el texto "La Historia y sus limitaciones" de Ramón Iglesia.


Hay varios puntos de vista sobre cuestiones de cómo se concibe la historia y todo su ser, por ejemplo los que piensan que no se puede escribir la historia de una país porque aún no se conocen hechos suficientes para ello, ó los que piensan que la historia es capaz de establecer leyes que permitan conocer el porvenir en un sentido de predecir.
Para ello se debe señalar cuáles son los límites de lo que se mueve dentro del conocimiento histórico, lo que debe o no ser la historia, para qué es y para que no. Primero se debe tomar en cuenta el concepto sobre “historia” entendido como un hecho ocurrido en el pasado o como un relato de un hecho en conexión con la vida. Y relacionarlo este concepto con “ciencia”.
Pensar esa relación ha provocado en sí, mucho debate entre las diversas comunidades académicas en cuestión de si la historia es un conocimiento científico o no. Hay que recordar que la ciencia abarca lo general, lo mensurable y  lo experimentable. Y que el conocimiento científico establece leyes  (verdades válidas que determinan lo que ha de suceder en un determinado conjunto de circunstancias).
Hace un par de siglos que los diferentes tipos de conocimientos comenzaron a establecer sus propias leyes y hacer sus experimentos, en especial las matemáticas- las más favorecidas de todos los conocimientos-, luego las ciencias físicas y químicas, luego las biológicas y al final las psicológicas. A la historia, a pesar de ser uno de los conocimientos más antiguos, no se le consideró como un conocimiento científico ya que los hechos históricos que estudia no tienen validez general, no se  les pueden medir ni experimentar y por consiguiente y mucho menos poder establecer leyes.
Entraron entonces los que se dedicaban al estudio histórico a buscar la relación de ciencia-historia, apoyándose de diversas acciones que terminaron en nuevas formas de conocimiento;
-apoyarse de los hechos en gran escala y de la abundancia de datos numéricos  del presente y difícilmente del pasado, implica estadística.
-apoyarse de los fenómenos del lenguaje, implica filología.
-apoyarse del pasado humano desde sus orígenes, desde el tipo de sociedades y sus formas de vida, implica antropología.
-apoyarse en la búsqueda de datos para una clasificación que ayuda a establecer leyes del devenir humano, implica  sociología.  
Con ese nacimiento de nuevos conocimientos, se empezó a cuestionar de si la historia era un tipo de conocimiento distinto.
Para eso,  llega Heinrich Rickert (profesor alemán de la Universidad de Heidelberg del siglo XIX) planteando si la historia es una ciencia natural o no, dividiendo  a los físicos, químicos, anatómicos, biólogos,  etc., como conocedores de las ciencia naturales y como los  extractores  de lo que hay en común y universal en diferentes tipos de hechos de la realidad. Y a los juristas, filólogos, historiadores, etc., como conocedores de las ciencias del espíritu, -que es diferente a la ciencia de la vida espiritual, la cual se dedica la psicología-, y  como exponentes de la realidad.
 Rickert también habla sobre los valores (como bienes de cultural; nacionalidad, justicia)  donde la historia no puede establecer juicios de valor, pero si puede estudiar esos valores.  Que también se escribe sin pre-juicios (no prejuicio de adquirir una idea preconcebida de algo, si no como un juicio previo) para tener posibilidad de elegir los hechos. Se busca siempre la imparcialidad y la objetividad.
Y se define a la historia como acción, elaboración, creación humana; lo que no está hecho y vivido. Como ocupante del pasado tomando en cuenta al presente sin poder predecir el futuro. Y que no es una ciencia generalizadora  que descubre leyes para explicar los fenómenos del hombre.
Ahora, ¿por qué se piensa que la historia no se puede escribir por falta de conocimiento de los hechos? Esa cuestión tiene su justificación; los historiadores siempre descubren errores e insuficiencias en sus hechos. Lo que provocó que redujeran su campo de investigación a cosas más específicas y minúsculas para conseguir conclusiones más sólidas, creando a su vez un conocimiento muy limitado, careciendo de visiones de los problemas generales históricos. Los historiadores se hicieron gala de la especialización, convirtiéndolos en coleccionistas y  acumuladores de materiales.

Por eso, se necesita un criterio previo de selección en el trabajo histórico. Y una cierta actitud ante la producción histórica, donde siempre se debe considerar al factor humano. Se necesita imparcialidad, ya que los malos historiadores no tienen el claro el concepto de perspectiva (visión de un objeto, paisaje o persona donde dos personas contemplan ese mismo elemento de diferente manera). A los historiadores las falta simpatía, vida  y pasión por los temas y tratarlos no hacia un solo gremio de académicos, si no a un grupo amplio de personas; la historia no debe ser algo inaccesible. Todo trabajo histórico debe llevarse a cabo por la meditación y la interpretación.

Fuente interpretada: Iglesia, Ramón, "La Historia y sus limitaciones", en El hombre Colón y otros ensayos, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, pp. 32-54.

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