lunes, 6 de octubre de 2014

Historiografía de México. Introducción hacia la historiografía indígena.

Es oficial, el estudio de la Historia es el pasado del hombre, conformado por el paso de más de tres millones de años (si se consideran los restos arqueológicos del ancestro más primitivo del hombre: Lucy). El pasado es incognoscible, ¿quién afirma que el pasado existe? Ortega y Gasset lo afirman; el pasado existe como una forma peculiar del ser del presente.
¿Por qué el hombre guarda en su memoria el recuerdo de algunos episodios del pasado? Porque éste recuerda todo aquello que trascendió, impactó  y consideró importante en la conciencia del ser humano en un determinando espacio temporal.
El hombre, por otro lado siempre ha estado en constante cambio; es estático. El recuerdo también lo es, cobrando diferentes dimensiones y tonalidades; no se puede guardar en la memoria los acontecimientos tal y como ocurrieron. Sin embargo toda esa memoria se trae al presente como objeto de análisis para crear un nuevo conocimiento.
A eso anterior, se le consideran los primeros pasos del historia que son acompañados por medio de testimonios orales y por el medio escrito, este último el medio más complejo. El criterio que opera para registrar el acontecer es la trascendencia preservada en piedra, barro, piel o papel.
Pero  fue la escritura, que dio inicio al texto histórico y a la complejidad del discurso sobre el pasado.  Aquí ya entra la labor de la historiografía que se inca no solo en que dice del pasado, sino también cómo lo dice y por qué se dice de esa manera. Si se hacen esas cuestiones es adentrarse al pasado ya no solo del texto, si no al pasado del mismo autor.
El texto historiográfico está cargado de ideologías e innumerables cambios adaptándose a los cambios del espacio-tiempo. Por ejemplo en Mesoamérica,  la memoria solía guardarse en el tallado de piedra, su siguiente paso fue la manufactura del códice. El cual tuvo su transformación cultural mediante la primera mitad del siglo XVI con la Nueva España.
Esa transformación se dio debido a que los conquistadores a la hora de querer consultar los códices prehispánicos y coloniales- para fines económicos, políticos o territoriales-, les resultaba una labor difícil dado a la traducción. Es por ello que en muchos códices se encuentra ya la escritura en náhuatl o en español a lado de los pictogramas. Después aparecieron los códices transcritos, traducidos del náhuatl al español o viceversa.  Con esto nace, de la historiografía indígena, la tradición novohispana.
Sin embargo existe un problema  entre el acontecimiento histórico y el fenómeno historiográfico, este problema tiene que ver con el discurso del contenido histórico. Se trata de que los historiadores deben considerar también aquellos discursos guardados en la memoria y transmitidos en voz,  dado a que hay ciertas comunidades que usaron esta forma de registro antes que la escritura o en vez de ella.
Volviendo a la historiografía de la tradición indígena, un elemento que llama la atención es la autoría, que  presenta el nombre del autor que compuso la obra. Gracias a este elemento se sabe de la labor de cronistas indígenas como Cristóbal del Castillo, Hernando Alvarado Tezozómoc o San Antón Muñon Chimalpain.
Cabe decir que en el proceso historiográfico existen fases vinculadas unas a otras que  muestran el antecedente de una a otra. Y sobre la historiografía novohispana de tradición indígena no quedó en los inicios del siglo XVII, aún llegan a aparecer en obras de Carlos de Sigüenza y Góngora, cuando el criollismo estaba floreciendo.

Fuente de apoyo: Romero Galván, José Rubén, “Introducción” en José Rubén Romero Galván coordinador, Historiografía mexicana I. Historiografía novohispana de tradición indígena, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, 2003, pp. 9-20.

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